sábado, 7 de julio de 2007

Triunfos morales y un honor en juego


Recuerdo que hace unos días en la querida clase de Literatura, Historia, Turismo e Identidad, hicimos un ejercicio acerca de qué involucra ser chileno. La mayoría pusimos cosas negativas de nosotros los chilenos: flojos, patriotas (que no es malo, en lo absoluto), imitantes de otras culturas, etcétera, etcétera y un laaaargo etcétera.

Lo que sí es claro es que Chile es un país que no se destaca mucho a nivel internacional. Nos enorgullecemos cuando nos dicen que somos el país latinoamericano en vías de desarrollo (subdesarrollados, si es la misma cuestión) con más proyección hacia el futuro, en especial en lo referente al ámbito económico. Pero, sin embargo, y para pesar nuestro, Chile es un país escaso en reconocimientos y logros fuera de nuestras fronteras.

Un ejemplo histórico claro ha sido cuando Chile ha ganado guerras con un profundo patriotismo y heroicamente, pero lo que ha ganado ha sido mucho menos que lo que ha perdido, como por ejemplo, la Patagonia que cedimos a los argentinos.

Sencillamente, ¿de qué nos sirve el curanto más grande, la empanada más grande o el chaleco chilote más grande en los Records Guiness? ¡Si somos los únicos que hacemos eso! E igual inflamos el pecho de que tenemos estos records. Del que sí nos deberíamos sentir orgullosos es del primero que tuvimos y hasta ahora (creo, o si no que alguien me corrija) el único que vale la pena celebrar, que fue el ocurrido el día 5 de febrero de 1949 en el regimiento de Coraceros de Viña del Mar, cuando el capitán Alberto Larraguibel, montando al caballo “Huaso”, saltó una altura de dos metros y cuarenta y siete centímetros, la cual nunca más ha sido batida y actualmente es un Record Guiness.

Hoy nuevamente ha sido un día negro para nuestro orgullo nacional. En Lisboa, capital de Portugal, se ha realizado la ceremonia donde se han dado ha conocer las que finalmente fueron elegidas las Siete Nuevas Maravillas del Mundo. Fueron votadas
la Gran Muralla China; el Templo de Petra, en Jordania; el Cristo Redentor de Río de Janeiro, Brasil; Machu Picchu, en Perú; Chichen Itza, en México; el Coliseo de Roma, en Italia; y el Taj Mahal, en la India. ¿Quién falta? Pues nuestros querídisimos Moais de Isla de Pascua. Si hasta la Presidenta Bachelet y el Hotuiti les hicieron campaña pero sus esfuerzos fueron infructuosos (por qué metí a Hotuiti xD!). Yo, en lo personal voté por los Moais, incluso aquí había un link para que pudieran votar, pero de nada sirvió. Es ahora donde aflora el chilenito triunfal moralista que dice: "Si estuvimos entre las 15 o 20 seleccionadas es bueno". Incluso se habló en un momento de que estuvimos en el 8º o 10 º puesto. Qué pena que eran 7 no más y no 20. En todo caso, los Moais se merecen un reconocimiento mayor, qué importa que no hayamos ganado el premio. Lo que importa es que nosotros estemos orgullosos de ellos, sabiendo que es un tesoro el que tenemos y que lo debemos cuidar. Por lo menos, basta eso para mí. Ni siquiera el concurso era auspiciado por la UNESCO...

Lo que queda claro y demostrado, nuevamente, es
que... ¡ seguimos sin ganar nada! Es como un karma que llevamos encima y que no lo podemos sacar de nosotros. Pero el orgullo sigue y eso es lo importante. Pero cuando faltan ambas cosas, todo aquello se convierte en preocupante.

Hoy, ni orgullo le quedó a Chile en la Copa América. Más allá de lo futbolístico, un 6 a 1 es vergonsozo en cualquier lado. Si había que perder, había que hacerlo manteniendo el decoro y el honor, pero no fue así. Otra vez la misma historia, que se vuelve a repetir cíclicamente en los anales del profundo del conciente colectivo chileno a través de la Historia y del tiempo.

Parece que es inevitable. Si el ser chileno involucra tantas cosas... pero ya no hay nada que hacer.

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